Era tal la humanidad de Hildegard von Bingen que le permitía penetrar en lo esencial; dicha humanidad le confería una manera directa de expresarse  ella misma en sus cartas, correspondencia que mantuvo con personalidades importantes de su época, dándoles consejos contundentes, directos y francos pero sin recibir por ello ningún daño.
Su música siempre me ha fascinado y me ha conmovido muy profundamente.
Era un ser humano que a pesar de la constante opresión y las jerarquías de su tiempo siempre intentó reducir las limitaciones y hacer espacio para algo más elevado en nosotros. Siempre se esforzó por ofrecer actitudes rectas al Altísimo. Así rendía cuentas por ella y los demás.
En consecuencia, sus composiciones son poco convencionales (con una mentalidad propia) y siguen su propio  camino – cantarlas es una meditación para mi, como una oración y me gustaría invitarle a ello con éste CD: invitarle a un mundo diferente durante media hora.
Si lo consigo seré muy feliz.