marisa marisa
Nacida en Berlín crecí en un pequeño pueblo de 600 habitantes. Siendo niña era maravilloso poder correr descalza a través de los prados y jardines o a través del bosque. Sufrí cuando nos mudamos de vuelta a la gran ciudad.
Echaba mucho de menos la naturaleza, a pesar de que Berlín se supone que es la ciudad más verde de Europa.
También sentía que Berlín era demasiado estricta pues en aquellos tiempos aún existía el muro de Berlín.
Esto  nos obligaba a tener que cruzar siempre la “zona” de la RDA para poder salir de allí.
Creo que aquí está el origen de mi pasión por viajar y mi aversión a las restricciones arbitrarias de cualquier tipo.
Mi profesión también me ha obligado a estar fuera muy a menudo
y poder intercambiar experiencias con gente de diferentes nacionalidades.
Y a pesar de que hay muchos conflictos y miedos, que parecen caracterizar a nuestro tiempo y que dificultan
el ver más allá de nuestra propia nariz, todos estamos llenos de lo mismo.
Al final, todos buscamos el amor en nuestras vidas, sin importar a qué religión o cultura pertenecemos. La belleza de la diversidad,siendo diferentes en el hecho de ser iguales.
La separación que creemos percibir y que seguramente sea impuesta por un ego equivocado,
se disuelve en la nada, simplemente por el hecho de encontrarse cara a cara con el otro y mirarle en los ojos,
dándonos cuenta que somos uno.
Seguramente hay gente que no soporta escuchar esto, pero ellos también,
al final, sólo quieren una cosa:
ser amados.
Y sé que en algún momento, todos hemos experimentado la esencia del otro,
la experiencia de poder tocarlo;
y ampliar estos momentos, dedicarse a hacerlos perceptibles, visibles durante más y más tiempo,
entregarse a ello es una tarea maravillosa.
[Juego de palabras: en Alemán la palabra para tarea es “Aufgabe” que literalmente significa “dedicarse, entregarse a algo